Puedes orar desde hoy por alguien a quien todavía no conoces, aunque la decisión no vaya a ser tuya.
Quizá tus hijos todavía son pequeños y ya oras por la persona con la que un día compartirán la vida. O quizá ya hay alguien, y no te acaba de convencer.
Muchas veces esa oración se hace con miedo. Si a ti el amor te falló, es fácil que lo que pidas para tus hijos no sea tanto que encuentren a alguien bueno como que no les pase lo que te pasó a ti. Al final tienes una oración para las dos cosas.
Si ya hay alguien que le hace daño
Si tu hijo o tu hija ya está con alguien que lo controla, lo aparta de su familia, lo humilla o le pone la mano encima, esto deja de ser una oración por el futuro: es un peligro presente, y aquí tienes lo que puedes hacer tú. Lo que más suele ayudar a quien está dentro es que la puerta de tu casa siga abierta sin condiciones y sin «te lo dije».
Lo que pidió el criado de Abraham
Hay una oración entera en Génesis por la futura esposa de un hijo, y no la hace el padre: la hace un criado. Abraham, ya mayor, manda al criado más viejo de su casa a buscarle esposa a Isaac entre su parentela (Génesis 24:2-4). Al llegar, el criado ora junto a un pozo:
«Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham.» — Génesis 24:12
Y pide una señal concreta: que la joven a la que le pida agua le dé de beber a él y también a sus camellos (Génesis 24:14). La familia contaba, porque Abraham la quería de su parentela. Pero lo que el criado pidió ver fue un gesto: alguien que diera más de lo que se le pedía, y a un desconocido.
No es una garantía —esa misma Rebeca, años después, organizó el engaño a su marido (Génesis 27:5-10)—, pero señala qué merece la pena pedir: no un perfil, sino un corazón generoso.
Y luego le preguntaron a Rebeca
Esto hay que leerlo con los ojos de entonces: era una boda concertada. Isaac no eligió, y a Rebeca su familia ya la había entregado antes de preguntarle nada:
«He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová.» — Génesis 24:51
Lo único que le preguntaron después fue cuándo: querían retenerla al menos diez días (24:55), y el criado tenía prisa por volver. Entonces sí:
«Ellos respondieron entonces: Llamemos a la doncella y preguntémosle.» — Génesis 24:57
«Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré.» — Génesis 24:58
Aun así, el capítulo deja dos cosas escritas. Cuando el criado planteó al principio que ella podía no querer venir (24:5), Abraham no le mandó traerla a la fuerza:
«Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo.» — Génesis 24:8
Y la última palabra de Rebeca antes de irse es suya: Sí, iré. Tus hijos no viven en Génesis 24. Hoy la decisión es entera suya, no solo el cuándo. Puedes orar con todas tus fuerzas por quien será su pareja, pero no vas a elegirla tú. Y si lo intentas —con presión, con chantaje, con un «si sigues con esa persona, no vuelvas»—, lo más probable es que dejen de escucharte.
El amor que vale la pena pedir
Si quieres saber qué pedir, la Biblia no te da un retrato de la persona ideal. Te da la medida del amor de verdad, y esa medida es Cristo:
«En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.» — 1 Juan 3:16
Antes de pedir nada, quédate con la primera mitad. Juan lo dice de los creyentes, y en la misma carta deja claro hasta dónde llega lo que hizo Cristo: «no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Juan 2:2). Por tus hijos también. El amor que necesitan conocer primero no es el de su futura pareja: es ese. Quien sabe que es amado así suele reconocer mejor un amor que se le parece, y alejarse antes del que no.
Y la segunda mitad te da el criterio: alguien que dé su vida por el otro, no alguien que se la quite. Pablo, en otra carta, lo baja a lo concreto:
«El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;» — 1 Corintios 13:4
«no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;» — 1 Corintios 13:5
Ora por eso: por alguien bondadoso con tus hijos, que no busque lo suyo. Y lee con cuidado lo que viene justo después:
«no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.» — 1 Corintios 13:6
«Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.» — 1 Corintios 13:7
El versículo 7 se ha usado para retener a mucha gente donde le hacían daño. No dice eso: describe cómo ama quien ama, no ordena aguantar a quien te maltrata. Y el 6, justo antes, lo deja claro: el amor no se goza de la injusticia. Si algún día tus hijos están en una casa donde se les hace daño, ese versículo no los obliga a quedarse, y tú no vas a ser quien se lo lea así.
Cómo orar por eso desde hoy
- Ora primero por tus hijos, no por su futura pareja. Que sepan quiénes son delante de Dios es una defensa contra alguien que les diga quiénes tienen que ser.
- Pide carácter, no un perfil. Generosidad, verdad, trato limpio con los demás. Lo que buscaba el criado junto al pozo.
- Si a ti te falló el amor, díselo a Dios aparte. Tu herida es real, pero no es la historia de tus hijos. Ora por lo tuyo y por lo suyo por separado, para no cargar sobre ellos lo que en realidad necesitas sanar tú. Y si lo que ves en su relación es control o daño, eso no es tu herida hablando: es lo que estás viendo.
- Cuando llegue alguien que no te convence, recíbelo antes de juzgarlo. Tus hijos te contarán más cuanto menos tengan que defender a esa persona delante de ti. Si lo que hay no es que no te convence, sino control o daño, vuelve arriba: ahí no se trata de recibir a nadie, sino de no perder a tu hijo o a tu hija.
Oración por el futuro esposo o esposa de tus hijos
Señor, pongo delante de ti a quienes un día puedan compartir la vida con mis hijos, los conozca ya o no.
Que aprendan de ti, antes que de nadie, lo que es el amor.
Si llega alguien, que sepa dar y no solo tomar.
Que la decisión sea suya, y que yo sepa acompañarlos sin decidir por ellos.
Y si ya están con quien les hace daño, que no les falte una puerta abierta, y que la mía lo sea.
Lo que a mí me dolió, sánalo en mí, para que no lo cargue sobre ellos.
Tú diste la vida por ellos primero, y desde ahí te los encomiendo.
Una última cosa
Génesis 24 termina con una frase para leer despacio: Isaac «la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre» (Génesis 24:67). La oración de un criado fiel junto a un pozo, un «sí, iré» de ella, y al final un hombre que encuentra consuelo.
Todavía no sabes quién será, pero ya puedes orar por esa persona. Y para orar por tus hijos en todo lo demás, empieza por cómo orar por tus hijos cuando no sabes qué pedir.
Si oras por el amor de tus hijos con miedo a que les fallen como te fallaron a ti, «El día que el amor me falló» es para ti antes que para ellos. Y si a alguno ya le han roto el corazón, también se puede regalar.
Lee «El día que el amor me falló»