Esto que escribo es un espacio de fe, no un sustituto de ayuda profesional. Si estás en peligro o en crisis, lo primero no es leer: es que alguien lo sepa hoy.
Lo que sirve en cualquier país y no caduca: los servicios de emergencia del sitio donde vives. Ese número lo sabes, y es el que funciona siempre, a cualquier hora, aunque no sepas explicar bien lo que te pasa. Si estás en peligro ahora mismo, ese es el paso, y no hace falta que leas nada más de esta página.
Y después de eso, en este orden: tu médico de cabecera —es la puerta de entrada a casi todo lo demás y no cuesta dinero en la mayoría de los sitios—, y una persona de carne y hueso que no viva en la casa donde está el problema.
Si no quieres seguir viviendo
Si has llegado a pensar que estarías mejor no estando, o que a los tuyos les iría mejor sin ti, eso no es un problema espiritual que se resuelva orando más ni leyendo otro artículo. Díselo hoy a una persona —de tu casa, tu médico, tu pastor— y si lo estás pensando ahora, llama a los servicios de emergencia de tu país o a la línea de prevención del suicidio que tenga tu país. Casi todos tienen una, gratuita y a cualquier hora; búscala como «línea de prevención del suicidio» más el nombre de tu país, o pregúntala en emergencias.
Pedir esa ayuda no es desconfiar de Dios. Es hacerle caso al cuerpo que Él te dio.
Si te están haciendo daño en casa
Si vives con alguien que te controla el tiempo, que te pide cuentas de cinco minutos, que decide con quién hablas o a qué hora vuelves, que te humilla o que te ha hecho daño: eso es maltrato, aunque nunca te haya puesto la mano encima, y no se arregla teniendo más paciencia.
No tienes que decidir nada hoy. Lo único que hace falta hoy es que alguien de fuera de esa casa lo sepa: tu médico en una consulta a la que vayas a solas, alguien del trabajo, una amiga que no sea de su círculo. Casi todos los países tienen una línea de atención a la violencia de género, gratuita, atendida a cualquier hora y que en varios sitios no deja rastro en la factura del teléfono; pregunta por ella en emergencias o búscala con el nombre de tu país. Y si hay peligro inmediato, emergencias.
Y si ya no vives con esa persona pero te amenaza —con hacerte daño, con quitarte a los niños, con presentarse en tu puerta—, eso también es violencia y también se cuenta. Guarda los mensajes, apunta las fechas, y pregunta en esa misma línea o en la policía qué medidas de protección hay en tu país. No tienes que esperar a que cumpla la amenaza.
Si te da miedo lo que puedes hacerle a tu hijo
Si has pasado de gritar a la mano, o si hay un momento del día en que te asusta lo que podrías llegar a hacer cuando llora: eso no se arregla con más fuerza de voluntad, ni orando más fuerte, ni prometiéndote que mañana no pasa.
Y voy a decir en voz alta lo que te está frenando, porque si no lo digo no vas a llamar a nadie: el miedo a que te quiten al niño. Por eso te lo digo tal cual: un padre o una madre que pide ayuda antes de que pase algo es lo contrario del caso que preocupa a un profesional. Lo primero que hacen con alguien así es buscarle manos — un respiro, una consulta, una ayuda en casa —, porque es lo que evita lo otro. Callarlo es lo único que garantiza que vuelva a pasar.
Empieza por tu médico de cabecera o por el pediatra, en una consulta a la que vayas a solas. Y si en tu casa esto no se puede hablar, díselo fuera de casa: sigue contando.
Si estás cuidando a alguien y ya no puedes más
Si llevas meses o años cuidando a un padre, a una madre o a quien sea, y has llegado al punto de desear que se acabe, de sentir alivio con un ingreso, o de contar los meses: eso no te hace mal hijo. Te dice que llevas demasiado tiempo sin relevo, y el relevo existe aunque nadie te lo haya ofrecido.
La puerta es la misma de siempre y aquí funciona muy bien: tu médico de cabecera y los servicios sociales de tu ayuntamiento o de tu centro de salud. Pregunta por la valoración de dependencia, por el centro de día y por los programas de respiro para cuidadores. Tarda, y por eso se empieza hoy y no cuando ya no puedas.
Y si has gritado de una forma que te asustó, o le has agarrado más fuerte de lo que querías: eso también se cuenta, y se cuenta hoy. Lo que te frena tiene nombre — el miedo a que se monte un expediente y te lo quiten —. Un cuidador que lo dice antes de que pase algo grave es justo el caso en el que un profesional busca refuerzos, no culpables. Díselo al médico, a la trabajadora social o a alguien de la familia, y no lo guardes hasta mañana.
Si tu hijo está en drogas o en peligro
Si lo que hay en tu casa no es que tu hijo se haya alejado de la fe, sino drogas, autolesiones, una pareja que lo controla, o algo que te ha hecho pensar que puede no seguir vivo: eso deja de ser una conversación espiritual y pasa a ser urgente. (Si lo que has encontrado son cortes o te ha hablado de morirse, la sección siguiente es para eso; si es una pareja que le hace daño, la de después.)
Si hay peligro ahora, emergencias. Si no lo hay ahora pero lo hay, empieza por tu médico de cabecera —también sirve para pedir orientación como madre o padre, aunque el que consume no quiera ir— y busca en tu país los servicios de adicciones o el centro de atención a drogodependencias de tu zona. En la mayoría de los sitios atienden también a la familia, y esa es la parte que casi nadie sabe: tú puedes pedir ayuda aunque tu hijo no la pida.
Y una cosa que hay que decir aquí: acompañar no es financiar el consumo, y poner un límite no es dejar de querer. Si necesitas hablarlo con alguien que haya pasado por esto, en casi todas las ciudades hay grupos de familiares, y son gratuitos.
Si tu hijo o tu hija se hace daño o habla de morirse
Si has encontrado cortes o quemaduras, o te ha dicho que no quiere vivir, no le castigues y no lo dejes para cuando se calme la cosa. Siéntate con calma y pregúntale directamente si ha pensado en quitarse la vida: preguntarlo no le mete la idea en la cabeza, y a muchos les alivia que alguien lo diga en voz alta. Quita de su alcance los medicamentos y lo que pueda usar para hacerse daño.
Si te dice que sí, o tiene un plan, urgencias hoy. Si no, pide cita esta misma semana con su médico o su pediatra, y que lo deriven a un especialista en salud mental de niños y adolescentes. Y cuéntaselo tú también a alguien: esto no se lleva a solas. Que tu hijo esté así no es la prueba de que lo hayas hecho todo mal; es la señal de que hoy necesita más manos que las tuyas.
Si tu hijo o tu hija está con alguien que le hace daño
Si ves que su pareja lo controla, lo aparta de la familia, lo humilla o le pone la mano encima, lo que más ayuda suele ser lo que menos apetece: no dar ultimátums, no enfrentarte a esa persona y no cortar el contacto. Quien está dentro necesita una puerta abierta a la que volver sin tener que oír «te lo dije».
Y tú puedes pedir orientación hoy. En varios países, la línea de atención a la violencia de género atiende también a familiares; pregunta allí, o en tu médico, cómo ayudar sin empujarlo más hacia esa persona. Si es menor de edad, es bueno que su médico y su colegio lo sepan. Y si hay peligro inmediato, emergencias.
Si se te ha muerto un hijo
Si has llegado aquí buscando una oración por tus hijos y uno de ellos ya no está: nada de lo que hay en esta web sobre orar por los hijos quiere decirte que oraste poco o mal. No fue eso.
Un duelo así no se lleva a solas. Tu médico puede orientarte a un acompañamiento de duelo, y en muchas ciudades hay grupos de padres que han perdido un hijo. Si en el duelo has pensado en no seguir, la primera sección de esta página es también para ti. Y escribí sobre esto en El duelo no se supera, se atraviesa.
Si la comida se te ha vuelto un problema
Si cuentas calorías sin poder parar, si vomitas, si te das atracones, si dejas de comer para controlar algo, o si alguien que te quiere se ha preocupado alguna vez por cómo comes: díselo a tu médico. Y si estás en tratamiento o lo estuviste, díselo a quien te llevó.
Y algo que aquí importa especialmente: el ayuno religioso es una de las puertas de vuelta más fáciles a un trastorno alimentario, precisamente porque desde fuera parece devoción. Si alguna vez has tenido problemas con la comida, no ayunes de comida, y si al dejar de comer notas alivio o control —si te gusta—, para y cuéntalo hoy.
Si te hicieron daño en una iglesia
Si un líder te humilló, te aisló, te pidió dinero que no tenías, te castigó por preguntar, o se metió contigo por dentro de su cargo: eso no se resuelve dentro de esa iglesia. Se cuenta fuera, a alguien que no pertenezca a ese círculo. Y si hubo delito —dinero, amenazas, algo sexual, algo que afectara a un menor— se denuncia a la policía, no al consejo de la congregación.
Buscar comunidad otra vez no significa volver ahí. Nunca ha significado eso.
Si lo que necesitas es que alguien ore contigo
Eso también cuenta, y lo hago yo. Cuéntamelo aquí y lo leo yo, no un equipo. Pero si estás en cualquiera de los casos de arriba, la oración va además de pedir ayuda, no en lugar de.
Por qué esta página no trae números de teléfono
Porque cambian. Esta web se lee desde España, Estados Unidos, México, Argentina y Colombia, y las líneas de ayuda cambian de número, de operador y a veces de estado. Un número equivocado marcado por alguien en crisis es peor que no poner ninguno: quema el único intento que esa persona estaba dispuesta a hacer.
Lo que no cambia es la ruta: emergencias de tu país, tu médico, y una persona hoy. Empieza por ahí y desde ahí te llevan al resto.
Y si simplemente quieres que alguien lo lea
Pedir oración