El servicio es el mejor escondite que existe: puedes pasar años sin estar a solas con Dios y que todo el mundo te aplauda.

Hay una escena de dos hermanas que se cita mucho y se entiende poco. Jesús está en casa de Marta y María. Una se sienta a escucharle; la otra está en la cocina, trabajando para Él, y termina quejándose de que la han dejado sola.

Lo importante es lo que Jesús responde, porque no dice lo que uno se espera:

«Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.» — Lucas 10:41-42

Fíjate en lo que no le dice. No le dice que servir esté mal. No le dice que la comida no importe: había que dar de comer a la gente. Le señala otra cosa: afanada y turbada. El problema no era el trabajo, era lo que el trabajo le estaba haciendo por dentro.

El escondite perfecto

Si quisieras esconderte de Dios sin que nadie te lo reprochara, no encontrarías nada mejor que el servicio. Nadie te va a llamar la atención por hacer demasiado en la iglesia. Al contrario: te lo agradecen, te lo aplauden, y en el camino puedes pasarte años sin tener una conversación de verdad con Él mientras todo el mundo cree que estás estupendamente.

Y por dentro sabes que no. Que hablas de Él todos los días y con Él casi nunca. Que preparas cosas sobre pasajes que hace meses que no te dicen nada. Es una doble vida que no consta como doble vida — de las dos versiones de uno mismo escribí aquí.

«Separados de mí nada podéis hacer»

Jesús explicó cómo funciona esto con una imagen agrícola, y el orden importa:

«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.» — Juan 15:4

«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.» — Juan 15:5

Una rama cortada puede tener fruto encima un tiempo. Se ve perfectamente bien desde lejos, y por dentro ya está seca. Eso explica a mucha gente que sirve con todo en orden y un día se apaga de golpe, sin que nadie entienda qué pasó: no pasó nada de golpe. Llevaba años separada de la vid, sostenida por su propia fuerza.

Y ahí está la trampa del hombre que se sostiene con su propio brazo: funciona bastante tiempo. Hasta que deja de funcionar.

Lo único que David pidió

David tenía un reino que administrar y guerras que dirigir. Cuando resume lo que quiere, no pide ninguna de las dos cosas:

«Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.» — Salmo 27:4

Una cosa. El hombre más ocupado de Israel eligiendo estar con Dios por encima de todo lo demás — que también hizo, por cierto: la agenda no desapareció, cambió de sitio en la lista.

Cómo se corrige sin dejarlo todo

No te estoy diciendo que dejes de servir. Pero tampoco te voy a decir que la iglesia se cae sin ti, porque esa idea es justo la que te tiene donde estás: Dios sostuvo su obra antes de que tú llegaras y la sostendrá el domingo que faltes. Te estoy diciendo que inviertas el orden.

1. Cinco minutos con Él antes del primer encargo del día. Antes de abrir el móvil, antes de la lista. No es un método místico: es decidir quién va primero cuando el día empieza a empujar.

2. Un rato al mes en que no produces nada. Sin preparar, sin escribir, sin sacar material para nadie. Solo estar. A muchos esto nos cuesta más que trabajar el doble, y por eso mismo hace falta.

3. Aprende a decir que no. Cada sí que das por miedo a decepcionar le quita tiempo a algo. Poner límites no es falta de amor, y Jesús se apartaba a orar mientras había gente esperándole.

4. Revisa por qué sirves. Es la pregunta incómoda: ¿sirves porque le amas, o para que te quieran, para acallar una culpa, para sentir que vales? Servir para ganarse algo agota y termina en resentimiento, porque la factura nunca queda pagada.

5. Si ya estás quemado, para de verdad. No es falta de compromiso. El descanso también es obediencia, y si el cuerpo ya te está pasando la factura, eso se atiende antes que cualquier otra cosa.

La invitación de Jesús a los que trabajan mucho no es que trabajen mejor. Es esta: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28). Primero descansar, y después seguir. En ese orden.

«Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.» — Mateo 11:29

De intentar sostenerlo todo con el propio brazo va este libro.

Lee «Por la fuerza de tu propio brazo»

o cómpralo directamente en Amazon →

¿Le serviría a alguien? Compártelo.