Esto no es autoayuda con versículos pegados encima. Tampoco es espiritualizar el dolor hasta que desaparece de la conversación.
En Reflexiones escribo para acompañarte. Aquí escribo para enseñarte algo concreto: cómo se llama lo que sientes, qué te está pidiendo, y qué hacer con ello sin hacerte daño ni hacérselo a otro. Cada texto sale de la Biblia y de lo que me ha costado aprender a mí, casi siempre tarde.
Porque la fe no te ahorra las emociones. Te da un sitio donde ponerlas.
Ponerle nombre a lo que sientes ya es media sanidad
Decimos «estoy mal» porque no sabemos decir otra cosa. Y lo que no se nombra no se puede entregar.
Leer el artículoPonerle nombre a lo que sientes ya es media sanidad
Decimos «estoy mal» porque no sabemos decir otra cosa. Y lo que no se nombra no se puede entregar.
Leer IraLa ira no es el pecado. Lo que haces con ella, a veces sí
Te enseñaron que enfadarte era malo. La Biblia dice otra cosa, y es más exigente.
Leer LímitesPoner límites no es falta de amor
Jesús dijo que no, se fue cuando aún lo buscaban y desapareció a orar mientras había gente esperando.
Leer Tristeza y dueloEl duelo no se supera, se atraviesa
Nadie te da un plazo cuando te rompes. Y sin embargo todos actúan como si lo hubiera.
Leer CansancioCuando el cuerpo te pasa la factura
Elías pidió morirse. Dios no le mandó un sermón: le dio de comer y lo dejó dormir. Dos veces.
LeerNo encontré nada con eso todavía. Prueba otra palabra — o escríbeme y quizá el próximo lo escriba para ti.
Un libro entero sobre esto
Estoy terminando «Emocionalmente inteligente en tiempos de guerra». Llega en diciembre de 2026. Mientras tanto, mi historia entera está en este otro.
Lee «La casa del número 48»