Las mariposas se van. Siempre. Lo raro no es que se vayan: es que nadie te avisara.

«Creo que ya no le quiero.» Es de los mensajes que más me llegan, y casi nunca significa lo que la persona cree que significa. Casi siempre quiere decir otra cosa: que se apagó lo que se sentía al principio, y que a eso le habían puesto el nombre de amor.

Lo del principio existe, es real y es un regalo. Pero tiene fecha. Está diseñado para acercaros, no para sosteneros. El día que se apaga, mucha gente concluye que se equivocó de persona, cuando lo único que ha pasado es que empieza la parte que no sale en las películas.

Y aquí es donde ayuda muchísimo ver cómo define Dios el amor. Vuelve a 1 Corintios 13 y cuenta los sentimientos que aparecen: ninguno. Todo son verbos. Es sufrido, es benigno, no busca lo suyo, no guarda rencor. Cosas que se hacen. Cosas que se pueden hacer un martes de noviembre sin ganas.

«Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.» — 1 Juan 3:18

De hecho y en verdad. El amor bíblico no es lo que sientes por alguien: es lo que haces por alguien, sobre todo cuando no te apetece. Por eso se puede mandar. A nadie se le puede ordenar sentir; a todos se nos puede pedir actuar.

El modelo es alguien que se entregó

Cuando Pablo tiene que explicar cómo se ama, no pone de ejemplo un romance. Pone una cruz:

«Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.» — Efesios 5:25

«Se entregó.» Ese es el listón, y es incómodo, porque no habla de lo que Cristo sintió aquel día: habla de lo que decidió. Amar así cuesta algo. Si tu manera de amar no te ha costado nunca nada, es probable que todavía no hayas empezado.

Qué hacer cuando no sientes

Lo primero: no tomar decisiones grandes desde una temporada apagada. Cansancio, hijos pequeños, dinero justo, trabajo que devora — casi nunca es un problema de amor, es un problema de desgaste, y el desgaste miente.

Después, empieza a actuar antes de sentir. No es un truco de manual: es el orden bíblico de siempre, primero la obediencia y luego la emoción, que llega detrás como quien no quiere la cosa.

1. Volved a hablar sin pantallas. Veinte minutos, el móvil en otra habitación. Casi nadie ha dejado de querer: han dejado de hablarse.

2. Haz algo por esa persona que no se vea. Sin contarlo. Sin cobrarlo. Lo que se hace para que te lo agradezcan no construye nada.

3. Pide perdón rápido. Antes de que se enfríe. Casi todo lo que hoy es un muro empezó siendo una frase de dos minutos que nadie dijo a tiempo.

4. Orad juntos. Aunque salga raro. Es difícil seguir viendo como enemigo a alguien con quien acabas de hablarle a Dios — de esto escribí aquí.

Y un aviso que no puedo dejarme: «amar sin sentir» no significa aguantar cualquier cosa. Si en tu casa hay golpes, miedo, control o humillación, eso no es una temporada sin mariposas: es peligro, y Dios no te está pidiendo que lo soportes en silencio. Ponte a salvo, díselo hoy a alguien de confianza y busca ayuda. Pablo lo dice sin rodeos: «no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso» (1 Corintios 7:15).

Lo que nunca se apaga no es lo tuyo

Hay una frase que se cita mucho en las bodas: «El amor nunca deja de ser» (1 Corintios 13:8). Conviene leerla bien, porque no es una garantía de que tu relación no se vaya a romper —las relaciones se rompen, y a veces no depende de ti—. Es una descripción del amor de Dios: el que no se acaba es Él.

Y eso, lejos de ser un consuelo pequeño, es lo único práctico que hay aquí. Si el amor que tienes que dar tiene que salir de ti, se te va a acabar; ya lo estás notando. Si sale de Él, hay de dónde sacar otra vez mañana.

«Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.» — Efesios 5:2

Si esto te habló hoy

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