Puedes llevar toda la vida creyendo que Dios existe y no haberte apoyado nunca en Él.

Puedes recitar el credo entero, defender que la Biblia es verdad en cualquier discusión, y saberte de memoria más versículos que la persona que te está evangelizando. Y no haberte apoyado en Cristo ni un solo día de tu vida. Suena raro escrito así, pero está en la Biblia, con una claridad que incomoda.

Los que más saben de teología en la Biblia no son salvos

«Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.» — Santiago 2:19

Los demonios no dudan de la existencia de Dios. La conocen mejor que tú y que yo, con una certeza que a ellos les produce terror, no paz. «Creer que Dios existe» —de manera correcta, sin fisuras— no es lo que te salva. Si lo fuera, los demonios estarían salvos, y el propio versículo dice que tiemblan, no que confían. Santiago no lo deja ahí:

«¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?» — Santiago 2:20

No dice que las obras salven. Dice que una fe que es solo información en la cabeza, sin que cambie nada de cómo vives, está muerta —no débil, muerta—. Ese es el filo de este artículo: no se trata de si sabes que Dios existe. Se trata de si le has apoyado tu peso, o si sigues llevándolo tú.

La palabra que la Biblia usa no es «estar de acuerdo»

Cuando Jesús le habla a Nicodemo, un maestro de la ley que sabía más Escritura que casi cualquiera, no le pregunta si está de acuerdo con la existencia de Dios: le habla de nacer de nuevo. Y en otra escena, le dice a un padre desesperado por su hija:

«Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente.» — Marcos 5:36

«Cree solamente» no significa «acepta el dato». Significa: ponme tu peso encima, ahora, mientras caminamos hacia tu casa sin saber lo que vamos a encontrar. Es la fe de quien suelta la baranda, no la de quien la mira y confirma que existe.

El primer hombre al que se le contó por justicia

La Biblia nombra el primer caso de esto en Génesis, con un hombre viejo, sin hijos, al que Dios le promete una nación entera:

«Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.» — Génesis 15:6

Abraham no firmó un examen de doctrina correcta sobre quién era Dios. Se levantó y actuó como si la promesa fuera cierta: dejó su tierra, esperó veinticinco años, estuvo dispuesto a lo impensable. Pablo recoge ese mismo versículo siglos después para explicarte cómo funciona lo mismo hoy:

«Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.» — Romanos 4:3

La fe que salva tiene esa forma: no es un dato aceptado, es un peso trasladado.

Lo que la fe verdadera sí es

«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.» — Hebreos 11:1

Y Pablo describe cómo se siente vivir así, ya no cargando tú:

«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.» — Gálatas 2:20

Fíjate en el verbo: vivo en la fe, no sé de la fe. Es una postura de todos los días, no una casilla marcada una vez.

Cómo saber en qué lado estás — sin adivinar

No te voy a pedir que midas un sentimiento. Te voy a pedir algo más simple:

Si al leer esto te das cuenta de que solo tenías el dato, hoy es un buen día para hacer lo otro. No hace falta una fórmula exacta ni una fecha que recordar toda la vida. Hace falta dejar de sostenerte tú.

Una oración para dejar de cargarlo tú

Señor, he sabido de ti más tiempo del que he confiado en ti.
Hoy no vengo a repasar lo que sé. Vengo a dejar de cargarlo yo.
Creo que Jesús murió por mí y que tú lo levantaste de los muertos.
Te entrego el peso, no solo el dato.
Enséñame a vivir apoyado, no solo informado.

Lo último

Si después de leer esto quieres contarle esto mismo a alguien que quieres —que hay una diferencia entre saber de Dios y confiar en Él— de cómo decirlo sin que salga corriendo hablo aparte.

Este libro habla de cargar solo lo que no se puede cargar solo. Confiar en Dios en vez de creer que existe es esa misma diferencia, aplicada a lo eterno.

Lee «Por la fuerza de tu propio brazo»

o cómpralo directamente en Amazon →

¿Le serviría a alguien? Compártelo.