Se puede estar muy cerca de Dios y muy lejos de su gente. Lo que no se puede es quedarse ahí para siempre.

«Yo tengo mi relación con Dios, no necesito iglesia.» Esa frase la dicen dos personas que no tienen nada que ver entre sí, y a una de ellas hay que hablarle antes que a nadie.

Si te fuiste porque te hicieron daño, esto va primero, y no hace falta que leas nada más hasta haberlo leído. Si un líder te humilló, si te pidieron dinero que no tenías, si te dijeron que dudar era rebeldía, si te apartaron cuando contaste algo, si te quitaron el sitio cuando te divorciaste, si te empujaron a seguir con alguien que te estaba haciendo daño, o si alguien se metió contigo por dentro de su cargo —buscarte, tocarte, acostarse contigo, aunque en su momento pareciera que consentías—: eso tiene nombre, y Dios lo nombró antes que tú.

«No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia.» — Ezequiel 34:4

Y por si alguien te dijo que un pastor tiene autoridad sobre tu vida, aquí está la instrucción que se les dio a ellos:

«Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.» — 1 Pedro 5:2-3

Nada de lo que viene a continuación significa que tengas que volver a ese sitio. Buscar comunidad no es volver ahí, y nunca lo ha sido. Y si en aquello hubo dinero, aislamiento, amenazas, algo sexual o algo que afectara a un menor, esto ya no se resuelve dentro de la iglesia: se cuenta fuera, a alguien que no pertenezca a ese círculo, y si hay delito se denuncia a la policía y no al consejo de la congregación. Aquí está a quién acudir.

(Y hay otra persona que dice la misma frase por comodidad: le va bien solo, no quiere que nadie le pregunte por su vida y ha encontrado una manera de creer que no le obliga a nada. A esa le hablo dentro de un momento. Si estás dudando de cuál de las dos eres, ya te digo yo que no eres esa.)

Ahora el versículo que más se usa mal

A quien deja de ir se le suele lanzar Hebreos 10:25 como quien lanza una piedra. Pero ese versículo empieza antes, y el antes lo cambia todo:

«Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.» — Hebreos 10:24-25

El mandato no es «asiste». El mandato es considerémonos unos a otros para estimularnos al amor, y congregarse es el modo de que eso pueda ocurrir. Un sitio donde nadie te considera y nadie te estimula al amor no está cumpliendo ese versículo por mucho que abra los domingos.

Y sirve también para el otro caso, el del que se fue por comodidad: congregarse no era el requisito, era el sitio donde ocurre lo que sí era el requisito. Si lo que buscabas era que nadie te preguntara nada, lo que te has ahorrado no es una obligación: es lo bueno.

Lo que sencillamente no se puede hacer solo

No es una cuestión de reglamento. Hay partes de esto que, por su forma, necesitan a otro delante:

«Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados.» — Santiago 5:16

«Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.» — Gálatas 6:2

Unos a otros. No hay manera de confesarte a ti mismo. Y sobre las cargas, Pablo dice las dos cosas en el mismo capítulo: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros» (6:2) y «cada uno llevará su propia carga» (Gálatas 6:5). Lo que es tuyo y no se delega, y lo que te aplasta y hay que repartir. El problema del que va solo no es que cargue: es que carga las dos. Y Eclesiastés lo dice sin rodeos:

«Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.» — Eclesiastés 4:10

Ese «¡ay del solo!» no es un reproche. Es una advertencia de seguridad. El que va solo no se cae más veces: se cae igual y se queda en el suelo más tiempo.

Y hay algo más, que no es un reproche sino una constatación: el amor a Dios necesita dónde practicarse. Solo se practica con gente que no te cae del todo bien, con gente que llega tarde y con gente que te pide cosas. Cuando vuelvas a tener a alguien delante —una persona, no doscientas—, vas a notar que algo se enciende otra vez. No es que te falte fe. Es que a la fe le faltaba sitio.

Con un límite, y conviene decirlo aquí mismo: gente que no te cae del todo bien, sí. Gente que te hace daño, no. Aguantar a alguien pesado y aguantar a alguien que te humilla no son la misma virtud, y quien te dijo que sí te estaba usando.

Cómo era, antes de que fuera un edificio

La primera iglesia se describe en dos versículos, y no hay ni un escenario ni un programa:

«Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.» — Hechos 2:42

Y un poco después, el versículo entero, que casi siempre se cita a la mitad:

«Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.» — Hechos 2:46

Las dos cosas: el templo y la casa. No te voy a vender que aquello fuera solo gente cenando, porque no lo fue. Pero fíjate en cuál de las dos mitades es la que lleva pegada la comida y la alegría. Si lo que te echa para atrás es la producción de un domingo, empieza por la mesa: eso también era iglesia, y era iglesia todos los días.

Por dónde se empieza si llevas años fuera

No empieces por un templo lleno. Empieza por lo pequeño, y con una sola cosa de esta lista:

Y cómo se reconoce un sitio sano. No es mi lista: cada una de las cinco está escrita en algún sitio.

Jesús dejó una sola señal para reconocer a los suyos, y no es el nombre de la puerta ni el estilo de la música:

«En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.» — Juan 13:35

Si hoy lo único que puedes es una persona, empieza por una. No vuelvas por deber ni por miedo, y no vuelvas al sitio que te hizo daño. Vuelve porque esto, tal como está diseñado, no se puede hacer solo.

Si esto te ha servido

Te aviso cuando publico algo nuevo aquí. Lo escribo yo, no hay equipo detrás, y son textos como este: gratis y sin pedirte nada. Te puedes ir cuando quieras.

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