Si este mes tienes que elegir entre el diezmo y la luz, esto va contigo.
Empiezo por la respuesta, porque es a lo que has venido y esquivarla sería otra manera de no ayudarte. No, el Nuevo Testamento no te manda dar un diez por ciento. Cuando Pablo organiza una colecta no pone porcentaje: pone que cada uno decida en su corazón lo que puede, sin tristeza y sin presión. Y si este mes eso es cero, no estás robándole a Dios.
Ahora, lo demás. Porque a mucha gente le han vendido algo que no está en el texto: que dar es sembrar, y que Dios devuelve multiplicado. Eso no es dar. Es invertir con Dios de intermediario.
Los versículos que más se retuercen
El primero es este, y es de verdad una promesa enorme:
«Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.» — Malaquías 3:10
Casi siempre se cita a partir de «probadme». Fíjate primero en para qué se pide: «y haya alimento en mi casa». Es una nación entera que se había quedado con lo que sostenía el templo y a los que servían en él. No es un plan personal de rentabilidad. Y la bendición prometida no viene con cifra, ni con plazo, ni dice que sea dinero.
Y hay que sacar los dos de al lado, que son con los que de verdad se aprieta a la gente sin dinero. El de antes:
«Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.» — Malaquías 3:9
La nación toda. Es a un país entero, no a una madre que no llega. Y el de después habla de que no se pierda la cosecha ni la vid (Malaquías 3:11): es un pueblo agrícola al que le va la comida en ello, no tu sueldo. Si alguien te pone una maldición encima por lo que no puedes dar, está usando un versículo que no habla de ti.
El segundo que se retuerce es este:
«Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.» — Filipenses 4:19
Se cita como una garantía general, y es más bonito que eso: Pablo se lo escribe a los filipenses, que acababan de mandarle dinero a la cárcel sin ser una iglesia rica. No lo cobraron por dar: se lo dijeron porque se habían quedado a la intemperie por ayudarle. Eso no te deja fuera si este mes no puedes dar nada. Te dice de qué lado está Dios cuando a alguien le falta.
Y el versículo de la siembra, que no me lo salto
Porque es el que usan los que venden esto, y está pegado al que viene después:
«Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.» — 2 Corintios 9:6
Pablo está organizando una colecta para los cristianos con hambre de Jerusalén, y habla como se hablaba entonces, con imágenes de campo. Mira dónde acaba dos versículos después: en «todo lo suficiente» (2 Corintios 9:8). Suficiente. No un retorno, no un múltiplo, no una cifra. Y la regla que pone es esta:
«Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.» — 2 Corintios 9:7
Tres condiciones y ninguna es un porcentaje. Como propuso en su corazón: decidido antes, por ti, no arrancado en caliente desde un púlpito. No con tristeza: si al darlo te hundes, eso no es lo que se está pidiendo. Ni por necesidad: ni por presión ni por obligación impuesta.
Y hay otro que es el alivio directo para el que va justo:
«Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene.» — 2 Corintios 8:12
Según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. Ahí está escrito. Dios no te pide lo que no está en tu mano. Si alguien te lo pide en su nombre, no es Él quien te lo pide.
La viuda, que casi siempre se cuenta al revés
Es la historia que más se usa para pedir dinero a quien no lo tiene:
«porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.» — Marcos 12:44
Jesús dice que echó más que todos. Mira lo que no hace en el texto: no le promete nada a cambio, ni la pone de ejemplo para sacarle dinero a nadie más, ni dice que quien no dé todo esté fallando. Está sentado enfrente del arca mirando, y señala el corazón de una mujer por delante de la que pasaban todos sin verla.
Y cuatro versículos antes, en ese mismo templo, estaba diciendo esto de unos líderes religiosos:
«que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación.» — Marcos 12:40
La escena no es un anuncio para que la gente pobre dé más. Es una advertencia para quien recoge.
Entonces, en concreto, qué hago
1. Decide antes, en frío. Una cantidad que puedas sostener todos los meses sin dejar de pagar la luz. Escríbela. Eso es «como propuso en su corazón».
2. Que no salga de lo que se debe a otro. Si estás dando lo que era para una deuda o para la compra, eso es el mismo problema cambiado de sitio. Los tuyos entran primero: es lo que dice Pablo cuando habla de proveer para los de tu casa (1 Timoteo 5:8), y ese versículo va del que puede y no quiere, no del que no puede.
3. Da también lo que no es dinero. Es la parte que se olvida y la que más falta hace: una tarde, un viaje, una comida, una hora de tu oficio gratis para quien no puede pagarlo. «Más bienaventurado es dar que recibir» (Hechos 20:35) no habla de dinero en ninguna parte.
4. Desconfía de quien te promete un retorno. Con toda claridad: si alguien te dice que si das tanto Dios te devolverá tanto, te está vendiendo algo. Y quien lo presenta así se está aprovechando de gente desesperada, que suele ser la que más da.
Lo que sí pasa cuando das, y esto lo he visto en mí, es otra cosa: dejas de tenerle miedo al dinero. Cada vez que lo sueltas descubres que no era él quien te sostenía. Por eso dar libera aunque no vuelva nada.
Y si este mes no puedes dar nada, no estás robándole a Dios. Estás donde estaba aquella viuda antes de que nadie la mirara: entre la gente por delante de la cual pasaban todos sin verla. Menos Uno.
«Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.» — Santiago 1:17
Yo llegué al fondo, y allí también había gente vendiéndome a Dios. De eso va este libro.
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